abr 1, 2015
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Marienplatz o el corazón de la ciudad

Berlín, abril de 2015
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Toda urbe suele tener un centro bien definido. La excepción serían las conurbaciones urbanas que, por su extensión, y en el caso particular de Berlín también por su història, cuentan con diversos centros. Múnich, la capital bávara de rojizos techos, pertenece al grupo de ciudades cuyo corazón late sin competencia: Marienplatz, la plaza de María, se lleva los honores.

No en vano, en este punto se cruzan dos importantes e históricos ejes de la ciudad, este-oeste y sur-norte, que muchos años atrás concluían en la Altstadt, el “corazón” de Múnich. Los viajeros, en buena parte mercaderes que se acercaban a vender sus productos en el mercado, accedían a él a través de diversas puertas, tres de las cuales permanecen aún de pie: Karlstor al oeste, Sendlinger Tor al sur e Isartor al este. De otras, como Schwabinger Tor y Angertor, queda solamente el recuerdo en los libros de historia.

Dentro del perímetro delimitado por estos accesos, tres plazas ordenan un gran espacio reservado en buena parte a los peatones: Karlsplatz, Odeonsplatz y Marienplatz. Destaca en esta última el Neues Rathaus, el “Nuevo Ayuntamiento”, con el característico Glockenspiel que, a horas convenidas, congrega a decenas de curiosos a sus pies, deseosos de ver sus figuras danzantes moverse al sonido de las campanas (vídeo: http://youtu.be/T1x3GrJFoyA). Junto a él, el Altes Rathaus (Ayuntamiento Viejo), un edificio de raíces bien antiguas, actualmente Museo del Juguete. Y la imponente Mariensäule, claro, la Columna de María que, desde las alturas, observa impertérrita a locales y visitantes.

Mirando hacia el ayuntamiento, a mano izquierda por la calle Kaufingerstraße, más adelante llamada Neuhauser Straße, se accede a una de las puertas, Karlstor, la de Carlos. Al otro lado del arco reina, más bien caótica, la plaza que los muniqueses conocen con el nombre de Stachus. De vuelta a Marienplatz, pero esta vez hacia la mano derecha, bajando por Tal, llegamos a otra puerta: Isartor (foto). El nombre se lo da el río que atraviesa la ciudad y los espacios interiores de la puerta acogen actualmente el Valentin-Karlstadt-Museäm, dedicado a esta pareja de cómicos bávaros.

Y aún una puerta más, Sendlinger Tor, la que encontramos bajando desde Marienplatz por Sendlinger Straße. Resultó poco afectada por las bombas de la Segunda Guerra Mundial, aunque la puerta actual poco tiene que ver con la original, que fue construída probablemente en el siglo XIV. Mucho hay para ver en Múnich, pero sin duda Marienplatz y las calles que de la plaza irradian hacia los extremos, nos permitirán visitar imperdibles como la iglesia de San Miguel, la Frauenkirche o la espectacular Asamkirche (foto), uno de los ejemplos más destacados del barroco tardío del sur de Alemania.

¿Ganas de más Múnich? itineri.de os ofrece un fantástico tour a pie por el corazón de la ciudad, privado para el visitante y sus acompañantes. Mientras llega el día de la visita, no os perdáis una selección de imágenes de la ciudad – os invitamos a pasear por nuestro álbum de fotos a través de este enlace: http://www.flickr.com/photos/11873897@N08/sets/72157632046938785/

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mar 16, 2015
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Un búnker de arte

Berlín, marzo de 2015
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Casi cualquier cosa, por extraña que parezca, es posible en Berlín. Por ejemplo, que un búnker acabe siendo la galería de arte seguramente más “protegida” del mundo…

Con una altura de cinco plantas y una superficie por planta de 1.000 m², el régimen nazi construyó el Reichsbahnbunker Friedrichstraße durante la guerra. Estaba destinado a servir de refugio civil para los berlineses, amenazados por los bombardeos aéreos. Terminada la guerra, los soviéticos lo ocupan y lo utilizan como cárcel. Posteriormente, el gobierno de la RDA lo convierte en almacén, primero de ropa y luego de alimentos (razón por la cual los vecinos lo bautizarán con el nombre de “Bananenbunker”).

Tras la caída del Muro (1989), el búnker se convierte en un espacio para la cultura y el ocio: desde representaciones de teatro hasta exposiciones de corta duración. La fama en media Europa la consiguió como club-discoteca: fue uno de los locales nocturnos más pasados de vueltas del continente, hasta su cierre en 1996. Finalmente, el empresario y coleccionista Christian Boros compra el edificio, y en 2008 inaugura la “Colección Boros“, una muestra de 500 obras de setenta artistas contemporáneos. Se puede visitar de jueves a domingo, aunque es imprescindible inscribirse aquí.

El toque de glamur a la historia del búnker de arte lo da el impresionante ático, con piscina incluída, donde vive el coleccionista con su familia.

Entrevistas con Christian Boros:

en inglés, en artdesigncafe.com
en alemán, en wz-newsline.de y en tagesspiegel.de

Reseñas sobre la Colección Boros:

en inglés, en realarchitektur.de

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mar 1, 2015
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La venganza del Papa

Berlín, marzo de 2015
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Había una vez un gobierno socialista (que de hecho era comunista) en un país democrático (que en realidad era una dictadura): la RDA. A mediados de los años 60, aquel gobierno impulsó la construcción de una torre de telecomunicaciones, un proyecto ambicioso que serviría para dar un impulso a este ámbito, pero también para demostrar al mundo de qué era capaz aquel gobierno y aquel país. Tras largas disquisiciones sobre el lugar más adecuado para su emplazamiento y de un par de intentos fallidos de iniciar su construcción, la torre fue levantada en el corazón del Berlín Oriental, junto a la histórica estación ferroviaria de Alexanderplatz. Un vez terminada, se convirtió en la construcción más alta de Alemania, motivo de orgullo de sus impulsores: sus 368 metros de altura la hacían visible desde cualquier punto de la capital.

Pero cuál no sería su sorpresa al constatar, con los primeros rayos de sol, que el reflejo de su luz sobre la redonda y metálica cúpula formaban… ¡una cruz! En aquella ciudad de aquel país, al otro lado del telón de acero, el reflejo del sol dibujaba precisamente una cruz, clarísima, que además se distinguía desde kilómetros de distancia!

Los berlineses no tardaron en contrarle nombre al fenómeno: “la venganza del Papa”. Una venganza de altura.

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feb 16, 2015
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¡El Muro de Berlín ha vuelto!

Berlín, febrero de 2015
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El Muro de Berlín es historia desde el 9 de noviembre de 1989, cuando inesperadamente se resquebrajó para siempre. Sólo la llamada “East Side Gallery”, el fragmento más grande del antiguo Muro (1,3 km), y algún otro pequeño tramo, recuerdan que Berlín estuvo físicament partida en dos, durante 28 años. Las sensaciones que aquel muro de 155 km producían desde ambos lados ya no se pueden revivir… o sí, de hecho sí.

Junto al Checkpoint Charlie, uno de los “puntos calientes” de la Guerra Fría, se encuentra el llamado “Asisi Panorama”, un montaje que permite vivir el Berlín del Muro como si alguien lo hubiera reconstruido. Una espectacular imagen circular de 60 metros de largo y 15 de altura, una plataforma elevada a 4 m., la luz idónea para revivir la vida alrededor del Mur, de día y de noche, … el espectador tiene la oportunidad de ver una escena de un día cualquiera de otoño de los años 80 – a un lado, el barrio occidental de Kreuzberg, y al otro, la franja de la muerte y Berlín Este. Grafiteros, niños jugando, ajenos (o no) a la presencia y al significado del Mur, y policías en la torre de vigilancoa, todo lo que los berlineses podían ver y vivir en los años del Muro, se puede conocer también ahora, 25 años después. La experiencia se complementa con una exposición de fotos tomadas antes, durante y después del Muro, que muestran el día a día a ambos lados.

“Asisi Panorama – El Muro” se encuentra en la confluencia de las calles Friedrichstraße y Zimmerstraße, metro “Kochstraße” (línea U6). Su creador es el arquitecto y artista Yadegar Asisi, padre igualmente de otros Panometer espectaculares en Dresden y Leipzig. A poca distancia se encuentran el Museo del Checkpoint Charlie y el llamado “Black Box”, un espacio expositivo dedicado al histórico punto fronterizo, hoy afortunadamente desaparecido.

Enlaces:

Asisi Panorama: www.asisi.de/panoramas/the-wall/bildergalerie.html
Museo Checkpoint Charlie: www.mauermuseum.de
Black Box: www.visitberlin.de/es/sitio/black-box

Fotografías Checkpoint Charlie y Black Box: www.flickr.com/search/?tags=checkpointcharlie&sort=relevance&user_id=11873897%40N08

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feb 2, 2015
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La Prusia del viejo Fritz

Berlín, febrero de 2015
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Es uno de los miembros de la dinastía de los Hohenzollern más presente en el imaginario colectivo de los alemanes, tan destacada fue la huella que dejó no sólo en Berlín sino también en la vecina Potsdam. Federico II, “Federico el Grande”… el “viejo Fritz” (1712-1786), diferentes nombres para un rey a quien, sin miedo a exagerar, se puede considerar ‘punto de inflexión’ en el devenir de la historia de su país, sin el cual no se explican el Berlín y la Alemania actuales.

La sombra del padre

Federico Guillermo I (1688-1740), hombre de carácter estricto, moldearía con fuego la personalidad del joven Fritz. Impuso a su hijo una formación militar que el príncipe no siguió precisamente con deleite. Bien al contrario, era el conocimiento de la filosofía, la literatura y, en general, las artes y el pensamiento llegados desde la cultivada Francia, lo que de verdad interesaba lal joven. La actitud del padre hacia su hijo, a quien humillaba en público y en privado, psíquica y físicamente, le llevaría a tramar un plan para huir con su mejor amigo -y tal vez amante-,  Hans von Katte. Pero fueron descubiertos y el rey hizo decapitar a von Katte, mientras obligaba a su hijo a presenciar la ejecución. Por poco se libró el príncipe, que contaba 18 años, de sufrir la misma suerte que su amigo.

Federico II sería coronado rey tras morir su padre. A lo largo de los 46 años que permanecería en el trono, combinaría la destreza militar con las fuertes pulsiones en el ámbito de las artes y las ciencias: el Palacio de Sanssouci, en Potsdam, su favorito, sería frecuentado por prominentes como Voltaire, La Mettrie y Maupertuis. Pero lo que más destaca de Federico II, sin duda, es que fue un estandarte de la Ilustración; de alguna manera, el choque frontal entre padre e hijo fue el reflejo de la colisión entre el absolutismo encarnado por Federico Guillermo I, y la puerta abierta a los nuevos tiempos que representaba su hijo.

Seguro que os quedáis con ganas de saber más, ¿verdad? A la espera de lo que sobre Federico el Grande os expliquemos durante nuestros tours en Berlín y Potsdam, os dejamos con este fantástico reportaje (en inglés), donde descubriréis aún más aspectos apasionantes de la vida del viejo Fritz, así como de la conflictiva relación entre él y su padre. Clicad aquí para acceder al documental.

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